Discriminación: lo personal es político

11.08.10 | por Sandra Escareno [mail] | Categorías: Nacionales

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Discriminación: lo personal es político

Por: Katia D’ Artigues
El Universal
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/85210.html

3 de agosto de 2010

Uno dice “discriminación” en México y parece, que a al menos 10 años de iniciada la lucha por la no discriminación en México, aún no entendemos de qué se habla.

Recuerdo lo que una tarde dijo Jesús Rodríguez Zepeda, director del Centro de Estudios sobre la Igualdad, Democracia y No Discriminación de la Fundación Gilberto Rincón Gallardo: muchos creen que la lucha por la no discriminación es algo que hay que dar cuando hayamos acabado con los “grandes problemas nacionales”, como la pobreza…

Mmmh, pero, ¿qué pasa si la discriminación precisamente contribuye a aumentar la pobreza?, ¿a ahondar la falta de oportunidades?, ¿si el derecho a la no discriminación es la piedra de toque sobre la cual construir el demás acceso a todos los derechos?

De eso quiero escribir hoy y me perdonarán que lo haga también la coyuntura de algo en lo que estoy involucrada directamente: levanté una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Conapred, hacia Fernández Noroña, diputado federal por el PT, a raíz de un comentario que hizo en Twitter.

Twitter, sí. Red social. No estaba dirigido a mí, pero es público. El diputado no protege sus tuits.

¿Por qué él? También por quien es: un diputado federal, un servidor público, un hombre que protestó cumplir las leyes de este país, incluyendo la ley federal para prevenir y eliminar la dicriminación y el artículo 1º de la Constitución. Un integrante, además, del movimiento de Andrés Manuel López Obrador que está buscando, lo acaba de decir en el Zócalo, construir una “república amorosa”.

¿Qué dijo? Un comentario que algunos juzgan sólo “ofensivo”, algunos otros “sólo” de “mal gusto” tratando de desacreditar a alguien que —sí, lo insultaba— en la red social al llamarlo “down”.
Textual: “@amputazurdos Yo soy tu padre, no tu abuelo, pero me saliste down, perdóname, jejeje”
Es público que yo tengo un hijo, Alan, quien tiene síndrome de Down. ¿Me afecta personalmente este comentario? Sí. Pero no sólo a mí, sino a todas las personas que tenemos en nuestra familia a una persona con un cromosoma de más en el par 21. Y voy más allá: si estamos en la construcción de una sociedad más igualitaria para todos, nos afecta a todos.

Nos afecta porque este comentario no fue sólo un insulto, algo de mal gusto. No es una discusión estética, sino de fondo. Comentarios como estos, tan normalizados (sí, como muchos otros) contribuyen a reforzar una estigmatización contra grupos ya de por sí vulnerados en sus derechos. Sirven para reforzar estereotipos, prejuicios. Contribuyen a que sigamos viendo “normal” la exclusión.

Con comentarios como estos salen perdiendo los más débiles, los menos protegidos… y nosotros como sus familias. En el caso de las personas con síndrome de Down, además, que tienen una discapacidad intelectual hay un agravante adicional: por su misma discapacidad a veces —a veces, aclaro— no se pueden defender por ellos mismos.

Ayer un amigo, José Merino, me decía que escribiera sobre las consecuencias de la discriminación hacia las personas con síndrome de Down o discapacidad.

No puedo. Y por algo más grave: no hay estudios. No hay, siquiera, estadísticas que nos digan cuántos son, dónde están, qué acceso tienen a la salud, educación, trabajo… Mucho menos evidencias empíricas de la forma en que afecta la calidad de vida de toda una familia tener un integrante con cualquier discapacidad. Así de “invisibles” son.

En esto, evidentemente el Estado mexicano ha fallado y sigue fallando. Las personas con discapacidad son el 10% de la población del país, según datos de la ONU. Pero ese es otro tema.

Me han llovido por estos días cientos de insultos en Twitter y burlas que me hacen comprender, hoy más que nunca, la importancia de seguir trabajando en el tema de la no discriminación. Sobre todo hacia las personas con discapacidad. Me queda clara la importancia en no dar ni un paso atrás… ni para agarrar vuelo. Como mamá, como periodista y como ciudadana.

Es un buen momento para debatir. El derecho a la no discriminación y qué papel tenemos todos para hacerlo cumplir es una discusión nacional no resuelta, ni siquiera comprendida. También cómo debe convivir con otro derecho: el de la libertad de expresión.

Es un tema de importancia política en el más amplio sentido de la palabra. No de partidos, corrientes, movimientos, personas de “izquierda” o “derecha”. De todos y en todo momento. Contra todo aquel que consciente o hasta “inconscientemente” cometa un acto de discriminación.

Por mi parte, con respecto al comentario del diputado Fernandez Noroña es todo lo que tengo que decir. El balón está en la cancha de Conapred.

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